3 días, 16 horas y 29 minutos

.








.







.


Estoy en mi cuarto de baño, miro a la izquierda y veo agua. Igual me pilla la policía, pero ¿por qué huyo? Esto parece Mazarrón, o Miami. Veo una lancha motora, pero vuelo a una nave industrial junto a un puerto. De repente aparece el gordo de Los Chunguitos y aparta a uno mientras canta "Diegoooooo, Dieeeego, Diegooooouhouhouh..." y le cose el cuerpo a balazos. ¿Me estará mandando una señal? Oigo ruido, mucho ruido. Los macarras de "Sin tetas no hay paraíso" (sí, El Duque también) surgen de la nada y lo destrozan todo. Han roto la puerta con un cochazo negro, se han bajado y se han liado a tiros. No sé quién ha muerto. Poco importa porque ahora estoy en una tienda. Hay espaguetis y macarrones. Cogeré una bolsa de plástico, que a lo mejor me sale más barato.
Ayer vi una peli donde se estrellaba un coche y donde salía aparecía un señor gordito con ojos chinescos. Poco antes de entrar compramos golosinas en cómodas bolsitas de plástico. Conclusión: los caminos del cerebro son inescrutables.
.



.
Dejen paso, que llegan los gurús del arte moderno, con sus discursos rimbombantes y vacíos de sentido. Aparta tu mirada obrera de la belleza y la plasticidad del ARTE (así, en mayúsculas), que lo mancillas con tus manazas llenas de grasa. Aquí no se viene a comentar; aquí se viene a envidiar y a idolatrar, a endiosar el talento inexistente, a regodearnos en nuestra carencia de cultura y a montar una orgía de halagos y vanidades. Velázquez es historia. Lo absurdo es el futuro. Si Homer puede, tú también puedes. Basta con tener una idea y plasmarla en un zapato. No, ni siquiera eso. Puede ser un atisbo de idea y una chancleta medio rota. Nuestra imaginación y tu ignorancia harán el resto. Bienvenido a nuestro mundo. Ponte gafas y adopta una postura casual con aires de autosuficiencia. Así, perfecto. Tranquilo, no pasa nada. Aquí todos somos igual de mezquinos.
.
































































