11 enero 2009

El extraño caso de la habitación π
















Techos en diagonal, la televisión en el horizonte y una atmósfera de película de terror de serie B. Así era la habitación π, un escondite sepultado entre la nieve y la madrugada que me esperaba a las afueras de la ciudad. Llegué a él tras perder el control de mi automóvil, cuando el hielo amenazaba con arrojarme al andén y olvidarse para siempre de mi cuerpo. La llave era tan pesada como una maldición, el suelo estaba congelado y las sábanas menguaban según avanzaba la noche. El infierno se coló en la cama a las cinco de la mañana y y me desperté de repente, como un bebé, añorando el temporal. Abrí los ojos y cerré la calefacción. Cuando el sol entró por la puerta decidí tomarme un baño templado y solitario. En ese momento, ella gritó mi nombre.
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